Exultante, el gobernador Osvaldo Jaldo anunció el viernes que el 2 de julio comenzarán los trabajos para la construcción del nuevo acueducto de Vipos, que calificó como “la obra más grande en materia de saneamiento de la Argentina”. Casi fue una respuesta a la crítica que había realizado hace pocos días el ex secretario de Obras de tiempos de “Palito” Ortega, Raúl Natella, quien había dicho que las últimas gestiones gubernamentales no han hecho planes para la provincia del futuro. El acueducto, que vendrá a resolver la crisis hídrica de la zona noroeste del Gran Tucumán -donde se ha concentrado el crecimiento urbano de las últimas dos décadas, al pie de las Yungas- ha sido planteado como uno de los proyectos que definen una gestión. Quizá como fueron en su momento los diques de Escaba o El Cadillal.

Dos miradas

Pero la pregunta es: ¿se trata de un trabajo coyuntural que ayuda a resolver la crisis hídrica de estos tiempos o forma parte de la planificación para el Tucumán futuro?

La respuesta es compleja. A favor está el hecho de que en esta gestión se han callado los reclamos “casi estructurales” de las regiones sedientas. Yerba Buena prácticamente no ha protestado en los últimos tres años (se hizo un pozo en La Madrid y Ricardo Quintana y se ha comenzado a reparar el acueducto de Anfama, una toma en el río Muerto y la de la Loma de Imbaud) y el barrio El Bosque silenció sus quejas desde que se hizo un nuevo pozo junto a la seccional 6a, así como La Ciudadela quedó sorprendida con el descubrimiento de que había agua en una napa profunda que le dio nueva provisión de líquido al barrio. Otro pozo profundo se hizo en la Maternidad.

También se reparó el viejo acueducto de Vipos para reducir pérdidas; se cambiaron cañerías en la zona de Aguas Corrientes y se puso atención a la crisis del embalse El Cadillal que, además de estar colmatado en casi un 50%, generó gran susto en 2023 con las filtraciones de la presa N° 3. Esto dio lugar a un operativo costosísimo de reparación que fue declarado terminado hace pocos meses. Además, la gestión se jacta de haber recuperado la balsa La Niña -que garantiza que haya buena agua para potabilizar- y de haber provisto dos bombas para su funcionamiento.

Pozos profundos

Una de las claves parece haber sido que se hayan excavado unos 60 pozos en la provincia, con una profundidad inusitada: 300 metros, con lo que se ha accedido a napas hondas y copiosas como la que se halló en La Ciudadela. Ahora se van a hacer tres pozos en el sector de Manantial Sur. Según el geólogo Alfredo Tineo -experto en pozos y uno de los que se ocupa de advertir que hay que tener en cuenta el significado de las aguas subterráneas- se va a tratar de llegar hasta los 500 metros de profundidad, para tener una idea de la capacidad de las napas del Gran Tucumán. O bien del Manantial, zona históricamente proveedora de agua.

El titular de la SAT, Marcelo Caponio, sostiene que el empuje para comenzar a hacer pozos profundos -algo que ninguna gestión anterior había hecho- proviene de la geóloga Rita Pérez, de la SAT. Ella dijo a LA GACETA en enero 2025 que el acuífero pertenece al cuaternario y se formó hace más de 2 millones de años por infiltración desde el pedemonte y destacó la importancia de perforar de forma controlada para evitar contaminación y garantizar la sostenibilidad del recurso.

Organismos dispersos

Y acá entramos a la zona de dudas. ¿Cómo se garantiza la sostenibilidad del recurso? Tineo, que dice que los reservorios de agua subterránea son un tesoro oculto, que “son extraordinarios, como pocos lugares del país, debido a las características geológicas del subsuelo y a las importantes precipitaciones anuales que recargan estos reservorios”, advierte que hay una dispersión de organismos de control del agua, “todos independientes, sin vinculación directa entre ellos, no existe un organismo que aglutine estas direcciones a veces con objetivos comunes”. Lo mismo viene diciendo desde hace años el ingeniero Franklin Adler, que propone que se cree una autoridad única del agua con rango de ministerio. Incluso en las propuestas de la comisión  creada tras el desastre de La Madrid en 2017 estaba el diseño de una autoridad única. Propuesta que  no se tuvo en cuenta. Ahora una (nueva) comisión hídrica empieza de cero en este asunto que ya tuvo dictámenes no escuchados.

Por otra parte, no está claro que haya estudios en profundidad sobre el agua subterránea. La geóloga Liliana Abascal, en una carta de lectores del 11 de febrero, criticó la “perforación masiva de pozos sin planificación” y advirtió que “con más de 800.000 habitantes concentrados en la zona metropolitana, la sobreexplotación ya no es una posibilidad, sino una realidad que exige urgente intervención científica y normativa”.

Hace pocos días, en una columna titulada “El agua invisible que sostiene la economía tucumana” el biólogo Juan González dijo que  “las reservas de agua subterránea y los acuíferos merecen especial atención. Durante décadas han actuado como una reserva estratégica frente a sequías o períodos de baja disponibilidad. Pero, como cualquier cuenta de ahorro, pueden agotarse si se extrae más agua de la que la naturaleza es capaz de reponer”. Y pone el acento en que no se considera ese tesoro que depende fundamentalmente de la maravilla de los bosques tucumanos. “Hay agua subterránea porque hay yungas”, dice, y enfatiza en que el descuido del area boscosa del piedemonte en pos de la industria o de la urbanización afecta de modo indirecto la futura provisión de agua.

Hoy se está discutiendo la autorización para entregar una calle en un country (el Gobernador dice que se va a entregar), lo cual ha sido cuestionado por la urbanista Marta Casares, que dice que no se está pensando en las consecuencias que estas cesiones hechas sin planificar tienen para el Tucumán del futuro.

González resume que las yungas se pueden proteger de varias formas: reforestando donde haga falta, protegiendo mediante reservas y parques y reforzando los presupuestos para las áreas protegidas existentes. El asunto, dice, es que mientras las yungas existan se infiltrará el agua para formar los acuíferos subterráneos. “El tema es cuánto se infiltra y cuánto estamos usando sin conocer las ‘entradas’ y las ‘salidas’ del agua”.

Y volvemos al debate del comienzo. ¿El acueducto será una obra que define una gestión o será solamente una buena y aislada respuesta a la crisis hídrica?